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DESCUBRE LA LEYENDA

En tiempos antiguos, cuando los dioses aún caminaban entre los mortales, un olivo sagrado se alzaba en lo más alto de los Montes de Toledo. De su fruto nacía un elixir exquisito: el oro de los dioses, el aceite divino. Su protectora era Práxedes, una guerrera inmortal que juró proteger dicho olivo por toda la eternidad a cambio de poder compartirlo con los humanos. Desde entonces, el olivo sigue enraizado en la historia de la tierra fértil de Navahermosa, cada gota de su aceite lleva consigo el eco de los dioses,el legado de Práxedes.